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Viernes 19 Enero 2018
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Cadáveres y restos humanos que se conservan como reliquias

De una pieza o por partes. Son muchos los fallecidos ilustres que tras el último viaje no tuvieron un destino usual.
Su presencia siguió físicamente entre nosotros y fue pieza de veneración política o morbo curioso.
Desde algunos de los principales líderes políticos del siglo XX, que se embalsamaron y se expusieron a mayor gloria de la patria, hasta restos de glorias de las artes y las ciencias que se visitan en algunos museos, ésta es la lista de los restos humanos más famosos.
El deseo de inmortalidad del fallecido o la admiración que logró el finado en vida entre sus congéneres.
Una de estas dos cosas, quizá las dos a la vez, llevan a los seres humanos a conservar cadáveres enteros o restos de los mismos como  piezas a las que rendir culto.
Pero, ¿Qué interés puede tener guardar en formol el pene de Rasputín o fragmentos de los huesos del cráneo de Abraham Lincoln?
¿Qué ganaba el pueblo soviético conservando a la vista el cadáver de dos de sus dictadores como Lenin o Stalin? No solo eso.
En algún caso, cabellos, fragmentos de huesos u órganos enteros que tenían propietario hasta que éste murió, alcanzaron precios exorbitantes en algunas subastas públicas.
Y luego están las creencias populares, la veneración y algunas supersticiones que otorgan valor casi sagrado a estas ‘reliquias’ sin que podamos atribuirles utilidad alguna.
Por qué, vamos a ver, ¿tendrá la verruga de Elvis Presley algún tipo de poder? ¿Y el pelo del Ché Guevara?
En cualquier caso, en muchos lugares del mundo se conservan partes del cuerpo de personajes históricos, cuando no el cuerpo entero, siguiendo la estela de Tutankamón.
Trozos de Einstein, Beethoven o Galileo, o bien la ‘pieza entera’ de dictadores sanguinario del siglo XX.
Algunos de los más conocidos ilustres que tiene una parte de su cuerpo en exhibición es Galileo.
El dedo de Galileo se conserva en el Museo de la Historia de la Ciencia de Venecia: Aseguran que Galileo señaló al cielo, indicando que era la Tierra la que giraba alrededor del sol cuando pronunció aquella mítica frase: “Y sin embargo gira y se mueve”. Quizá sea ese el dedo que se conserva en el museo.
Y quizá ese sea el interés por conservar unas falanges que son, seamos sinceros, como las de cualquier ser humano.

Redacción