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Sábado 21 Octubre 2017
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El accidente que pocos recuerdan

El 26 de febrero de 2015, pasó como un día más en la vida de los barceloneses pero para pocos de ellos representó el recuerdo de un suceso inusual.
Ayer se cumplieron 40 años  desde que la avioneta YV-O-MOP-2 cayera al final de la tarde sobre la vivienda 6-4 ubicada en la calle Unión del Casco Histórico de Barcelona, por donde hoy transitan diariamente decenas de ciudadanos sin conocer esa historia.
En la memoria de José Querecuto prevalece, aunque con algunas lagunas, el recuerdo de aquella tarde cuando la avioneta perturbó la paz de los vecinos al caer repentinamente cerca de su hogar.
“Yo escuché el golpe y salí a ver qué pasaba, lo que vi fue una humareda y no se de dónde pero comencé a sacar tobos con agua para apagar una llama que se prendió cerca del motor”, relató.
El vecino, quien vive en la misma calle del suceso pero unas cuantas casas más alejadas, comentó que en ese momento no midió las consecuencias de sus actos, ya que la bomba de gasolina del aparato se encontraba cerca del fuego y pudo haber explotado.
Su instinto le dio por ayudar  en lugar de considerar que su vida corría peligro.
La casa donde cayó el aeroplano estaba en construcción y dentro se encontraban unos albañiles trabajando, según cuenta Querecuto.
“Yo le salvé la vida a un mudito”, afirmó con orgullo.
Contó que un muchacho, que no tiene la habilidad para hablar y aún vive, estaba lavando unas paletas en un pipote lleno de agua cuando una parte del artefacto se le incrustó en la espalda y el joven quedó sumergido en el tobo y pudo haberse ahogado. Prosiguió diciendo que él llegó en el momento justo y sacó la cabeza del “mudito” del balde y lo rescató.
El vecino dijo que diez minutos después del accidente, se presentó en el lugar el Cuerpo de Bomberos de Barcelona y se encargaron de la situación.

La historia se repite
Querecuto contó que la caída del avión en el Casco Histórico de Barcelona, no fue el primer accidente de esta índole que presenció en su vida.
Remontó su memoria a cuando tenía siete años, en 1944 cuando se encontraba con un grupo de niños jugando y vio pasar una aeronave muy cerca del suelo que luego cayó a unas pocas calles, cerca del cuartel Pedro María Freites.
“Corrimos a ver qué había pasado pero cuando llegamos el lugar estaba resguardado y como éramos niños no nos dejaban pasar. El avión se incendió por completo y todos los pasajeros murieron carbonizados. Ahí viajaba un pelotero muy conocido llamado José Pérez Colmenares”.

Susto incomparable
Cerca de las 5:00 de la tarde del 26 de febrero de 1975, Emelina de Fernández, se vistió para salir a comprar alimentos para la cena y recoger a sus hijos en el colegio.
“De vaina no me cayó encima”, exclamó cuando recordó que tan solo un segundo después de haber cruzado la acera, la avioneta impactó justo al lado de su casa.
De Fernández cuenta cómo el temor se apoderó de ella por lo que acababa de presenciar.
Dijo que la avioneta “se llevó” primero el techo de la casa de enfrente y luego cayó, causando más destrozos en la vivienda 6-4.
Los recuerdos de la vecina se concentran en la conmoción que causó aquel accidente.
“Esto era un polvero, la gente corría por toda la calle pegando gritos. Es una situación que no me gustaría volver a vivir en mi vida”, dijo.
Agregó que la desesperación llevó a la dueña de la casa de al lado a romper una de las ventanas de su morada para verificar que sus familiares no se encontraban ahí, ya que los guardias de seguridad tenían la zona acordonada.
También rememoró que otra habitante del sector, llamó a su esposo, José Fernández, quien se encontraba en el trabajo y le dijo que el suceso había ocurrido en su casa y presa del pánico, el hombre no dijo ni una sola palabra de camino a su hogar hasta que constató que tanto este, como su familia se encontraban a salvo.

Nelsys López